Se lo tenía muy bien planificado Nicolás Maduro cuando, una vez que ordenó el bloqueo del camino al revocatorio, anunció su intención de sentarse a dialogar con la oposición. Pero como la primera de las acciones implicaba un paso que lo llevó a cruzar la raya roja que separa la democracia (de la cual apenas quedaba un mínimo) de la dictadura, necesitaba jugársela no ya con Jimmy Carter, como lo hizo su padre putativo, en un proceso similar, sino con un líder superior, apoyado en una institución milenaria y respetado por tirios y troyanos.
Así que luego de borrar sus facciones de zafio carcelero y frío represor, ensayó su cara de perro apaleado para presentarse, casi de improviso, ante el papa Francisco con quien sostuvo un encuentro “muy espiritual” donde ofreció, contrito y fervoroso, someterse a un proceso de conversaciones bajo el arbitraje del Vaticano.

Pensaba que el revocatorio, en el peor de los casos, quedaría para el año 17, atrapado en el tira y encoge de interminables discusiones. De esa manera, tanto él como sus secuaces asegurarían lo único que les interesa: la permanencia en el poder hasta el 2019, no importa que el presidente llegue a ser digamos, por ejemplo, el combatiente y combativo Aristóbulo Istúriz, mejor conocido ahora como el Can Cerbero de Miraflores.
Pero el éxito de una maniobra que logró provocar el desconcierto en la Mesa de la Unidad Democrática y sortear, en apariencia, las nefastas consecuencias provocadas por el secuestro del revocatorio, tiene un precio que la gente está dispuesta a cobrar, ahora sin el recurso electoral a la mano. Y esto es así porque las trapisondas de elaborada trama solo funcionan, precisamente, en las altas esferas, mas no solucionan un problema de fondo que exige medidas de urgente aplicación, eficaces y democráticas.
Maduro podrá haber ganado tiempo pero como no se muestra dispuesto a rectificar, aferrado a su ya rancia y catastrófica receta, va a permanecer en sus trece y la crisis será cada día peor. Eso lo saben muy bien los enviados del Vaticano quienes deben estar claros en que las tácticas dilatorias, propias del chavismo (con la pesadez rural del modelo de las FARC como paradigma), a la hora de ceder y conceder, no podrán salir a flote porque cualquier salida, capaz de sortear la violencia, debe ser rápida y electoral. Mientras tanto la gente espera que la MUD continúe con una agenda anunciada hace escasos días y la consiguiente movilización general, incluyendo la marcha hacia Miraflores.

Roberto Giusti

Roberto Giusti es un periodista venezolano que siempre ha perseguido el conflicto. Muy joven empezó su carrera como reportero de sucesos en Radio Caracas Radio. En búsqueda de historias se fue a Mérida,...

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